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La luna llena pinta una bandera blanca y
brillante, si indistinta, en la superficie del océano según
lo visto desde abajo. Pero los extraordinarios rayos de luna
que penetran las olas apacibles no son de suficiente alcance
para iluminar la oscuridad profunda de 15 metros abajo. Cada
uno de los tres buceadores en esta excursión de noche por la
costa de la Isla San Andrés, por lo tanto, lleva un pequeño
pedazo de la luz del día en la forma de una abultada linterna
de halógeno.
Cuando una linterna alumbra a un
crustáceo, sus ojos centellan como las chispas de una fogata.
Las langostas y los cangrejos son realmente más fáciles de
ver en la noche. De día se disimulan bien con sus alrededores,
pero cuando los buceadores alumbran el arrecife de noche, los
ojos crustáceos que reflejan la luz traicionan su camuflaje.
Una de los buceadores atrapa un pulpo en
la luz de su lámpara. La criatura es inmensa, con la cabeza
del tamaño de una bola de fútbol. Debe estar desconcertada
por su repentina salida al centro del escenario-completo con
luces proyectores-en lo que debía ser la oscuridad de la
noche. El pulpo no intenta huirse, sino que se reclina
simplemente sobre un coral de cerebro, ondulando y pasando por
un ciclo de colores, cambiándose entre azul, marrón y rojo.
Durante la parada de seguridad al final
del buceo, el guía apaga su linterna, y señala para que los
demás lo hagan también. Después bate sus manos furiosamente
en el agua, agitando así unos animales microscópicos, que
vuelven luminescentes en el agua e iluminan los alrededores
inmediatos como un cielo abierto lleno de estrellas.
El buceo de noche bajo una luna llena en
San Andrés es inolvidable, pero el mundo subacuático es
igualmente espectacular durante el día. A los nativos les
gusta decir que el agua viene en siete variaciones de azul,
pero durante la llegada al aeropuerto internacional de San
Andrés, los turistas jurarían poder contar más. La
provincia colombiana de San Andrés y Providencia ofrece más
de 50 sitios comúnmente usados para buceo en sus 5.000
kilómetros cuadrados de arrecifes de poca profundidad,
incluyendo barcos hundidos, cuevas, túneles, multi-niveles y
puntos preferidos para el buceo de noche. Las aguas se
mantienen en una temperatura de 31 grados centígrados, y los
buceadores van con frecuencia sin trajes de neopreno.
Los abanicos morados gigantes de mar
oscilan suavemente con el vaivén del mar. Los hidroides tipo
arbusto de pluma dan la impresión de un prado herboso con sus
movimientos fluidos, acariciando los coralinos densos en su
medio. Los cuernos del macho tejen dentro y fuera de los
espacios apretados entre los cerebros y los dedos, los
lápices y los pilares. Bancos de pececitos de todos los
colores del arco iris nadan hábilmente a través de los
inmensos ramos de corales.
El buceo es un deporte bien desarrollado
en San Andrés (el compartimiento de descompresión
supuestamente está entre el equipo más nuevo y mejor
mantenido del hospital), y los buceadores que visitan
disfrutan de una gran selección de compañías en donde
emplear un guía. Incluso, muchas de ellas ofrecen una página
web:
Buzos
del Caribe,
Divers Dream,
Karibik
Diver,
San Andres
Divers y
Sharky
Dive Shop.
Este paraíso del Caribe se ubica a apenas 200 kilómetros de la costa de
Nicaragua, pero es realmente territorio colombiano (lamentado
por los nicaragüenses). Y a pesar de las dificultades en el
resto del territorio de Colombia, este archipiélago es
pacífico y seguro. Los vuelos de Costa Rica y de la ciudad de
Panamá, así como las de las ciudades grandes de Colombia y
la Habana, Cuba, ofrecen servicio frecuente a la isla.
Es interesante notar que muy pocos viajeros de los Estados Unidos vienen
a San Andrés a pesar de su localización en el Caribe. Los
extranjeros que vienen aquí son sobre todo centroamericanos y
europeos. Si usted oye a alguien hablando inglés, es
probablemente un canadiense, o quizás alguien local, (aunque
el inglés criollo hablado aquí viene con un acento muy
distinto, mon). La falta de vuelos directos de los E.E.U.U.
seguramente tiene que ver con la escasez de americanos.
También es posible que la idea de unas vacaciones en Colombia parece
demasiado riesgoso. Incluso los viajeros europeos más
intrépidos llegan a este país con reservas. Frecuentemente
las opiniones más abiertas sobre un lugar surgen durante las
conversaciones entre buceadores contando historias y
disfrutando de los ratos en barco mientras van a los sitios de
buceo o regresan a la tierra. Resulta que dos hombres de
Finlandia, en una ocasión de esas, hablaban de un viaje que
habían hecho a Sipadan, la isla de Malaysia hecha famosa por
Jacques Cousteau. Por supuesto, sus comentarios iniciaron una
breve discusión del conocido secuestro de un grupo de
buceadores por el Abu Sayyaf en abril de 2000. Asombrosamente,
este par de finlandeses estuvo entre el grupo de los
desafortunados secuestrados por esos terroristas filipinos.
"Fue mi primer viaje de buceo fuera de Europa," dijo Risto
Vahanen. "Y nos detuvieron por 120 días. Esta es la
segunda vez que salgo de Europa, y no me atreví a decirles a
mis amigos que iba para Colombia. Pensarían que estoy
loco."
Colombia ciertamente tiene problemas que repugnan al visitante. Los
secuestros son un fenómeno cotidiano, y la guerra civil está
rabiando de nuevo en el campo. San Andrés, sin embargo, es un
mundo diferente, ileso de la violencia en el resto del país.
La acción civil más grande que surgió mientras que este
artículo se investigaba, era una huelga de basureros. Sin
embargo, el centro de ciudad todavía parecía limpia en
comparación a muchas ciudades centroamericanas.
En el pasado, San Andrés era un famoso centro de compras libre de
impuestos, tanto para colombianos como centroamericanos. Toda
vía hay tiendas alineando los caminos principales que venden
cámaras fotográficas, estéreos, licores, relojes de marca,
y gafas de sol, pero hoy en día estas ventas son de menos
importancia en la economía.
Ahora, otras clases de turismo han salido adelante. Obviamente, muchos
visitantes vienen para el buceo, pero a la vez, San Andrés se
ha vuelto el Ft. Lauderdale de Colombia. Es donde la gente
joven del continente va de excursión, dándole un ambiente de
vacaciones tipo "springbreak". La vida de noche
abunda. Discotecas suenan. Mujeres jóvenes con las trenzas
tradicionales de la isla en su cabello desfilan por las calles
y las playas en bikinis por día, y jeans a la cadera con
blusitas ajustadas al cuerpo por noche. El mismo aire huele a
diversión.
A lo largo de la playa, lanchas trabajando como taxis esperan a clientes
que desean pasar un rato en los cayos periféricos. El más
desarrollado de éstos es Johnny Cay, donde los visitantes
vienen a asolearse y ostentar sus cuerpos, tomarse un Coco
Loco, hacer picnic y jugar en las olas. Cerca está Haynes Cay
que también ofrece almuerzos de mariscos, ceviche fresco,
bebidas tropicales y parasoles en la playa.
Sobre la tierra, los taxis son casi todos antiguos Chevy Caprices, el
equivalente terrestre de un crucero dilapidado de 13 metros.
Estos vehículos de tamaño gigante son todavía más absurdos
porque San Andrés es una isla bastante pequeña. El camino
costero que rodea la isla es de aproximadamente 30 kilómetros
de largo. En coche se dura una hora para dar la vuelta a la
isla, gozando vistas del mar en todo el camino.
La otra isla de buen tamaño en este archipiélago es Providencia, que se
encuentra a unos 90 kilómetros hacia el noreste de San
Andrés. Igual que San Andrés, Providencia puede jactar de un
exceso de sitios incomparables para el buceo. De otras maneras,
las dos islas no podrían ser más distintas. San Andrés
hospeda una población de más o menos 100.000 residentes,
mientras que en Providencia hay solamente 6.000 habitantes.
Providencia es mucho más vieja que San Andrés, y tiene su
origen volcánico, pero San Andrés es una isla coralina. Y
aunque el inglés criollo es la lengua materna en ambos
lugares, es predominante en Providencia porque ésta tiene
menos residentes recién llegados de Colombia.
La gente de Providencia es amistosa y sonriente, y las cosas parecen
suceder a un paso de cámara lenta allí. Hay un ambiente muy
tranquila. Los turistas no deben de contar con un servicio de
primera clase, solo una belleza acuática sin fin y la
oportunidad para relajarse al máximo.
Es fácil alquilar un coche para hacer el circuito completo de la isla (unos
21 kilómetros) o hacer un recorrido en lancha. En todo menú
el cangrejo está en oferta, pero no es el cangrejo del
océano bien conocido en muchas partes. Aquí sirven el
cangrejo de tierra, que son las grandes bestias negras vistas
en abundancia por toda la isla. Cavan huecos profundos en la
arena dejando redes de túneles subterráneos por todas partes.
Hoteles y cabinas de playa puntean la costa, y existen muchas opciones
para alojarse. Ninguno, ni el más lujoso, es de un costo
exorbitante, pero lujo es una palabra relativa aquí. El
único lugar con piscina es el
Sol
Caribe (de la cadena Meliá). El hotel en sí es muy
agradable, pero en el bar de la piscina los clientes pueden
esperar un buen rato para que aparezca el camarero. Y cuando
él aparece, las probabilidades son buenas que no tenga los
ingredientes para hacer ni la mitad de las bebidas en el menú.
Pero con un poco de humor, (y una preferencia para bebidas
hechas con ron) una visita a Providencia es un placer.
Una leyenda local cuenta que el pirata inglés Henry Morgan planeó su
ataque contra la ciudad de Panamá desde aquí, y que el
tesoro histórico del capitán todavía está ocultado en
alguna parte de la isla. Pero dejando a un lado las leyendas,
Providencia tiene un tesoro de belleza ocultado por solo
algunos metros de mar azul.
La razón principal para que la gente visite a Providencia es el
increíble buceo. Hay más de 30 sitios en la vecindad con
algo apropiado para cada nivel del buceador. No es infrecuente
ver rayos y tiburones, sobre todo los tiburones de aletas
negras y los bobos. Cangrejos gigantescos se asoman de las
grutas y morenas verdes y gordas se esconden bajo capas de
corales.
Cada día, se ve un puñado de turistas asoleándose y otros hacen una
vuelta a la isla en un barco pequeño. Puesto que no hay mucha
gente, los visitantes se reconocen al pasar y comienzan a
crear amistades. La mayoría se conocen en las lanchas de
buceo. Hay dos operaciones profesionales en la isla de
Providencia, Scuba Old Town y Sonny Dive Shop. Los dos
negocios tienen equipo de alta calidad para alquilar y guías
cualificados. También se ofrecen cursos de certificación en
buceo. Diferente a muchos otros lugares de buceo en el mundo,
las compañías en Providencia no se han puesto de acuerdo con
los precios, así que vale la pena averiguarlos de antemano
con ambas.
Hay muy poca vida de noche en la isla de Providencia. Si uno tiene la
suerte de estar allí durante una noche de luna llena, sin
falta debe asistir a la fiesta de playa en la playa Manzanilla.
De otro modo, disfrute dando un tranquilo paseo a pie. Si
está cerca de alguna de las áreas pobladas, seguramente
escuchará la "PLA" ruidosa de los azulejos del
dominó. Los locales son muy entusiastas al jugar a dominó, y
aunque parezca extraño, es bastante divertido estar de
espectador en un juego de estos. Es una experiencia un poco
surrealista encontrarse en la nochecita caliente y húmeda,
bajo el fulgor de una lámpara de la calle, observando a
hombres caribeños sudando y palmeando esos pequeños azulejos
de marfil sobre una mesita raquítica. Surrealista, pero
intrínsecamente Providencia.
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