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Costa Rica: La Selva desde las Alturas


Nos ponemos los arneses de seguridad antes de subir a las alturas

texto por Walter Glaser, fotos por Cherie Glaser

Parado sobre una plataforma de madera, a 25 metros del suelo en la selva tropical de Costa Rica, miro hacia abajo y me pregunto, "¿Qué estoy haciendo?" Frente a mí, se extiende un delgado alambre que desaparece en la espesura del follaje. Antes de que me sea posible reaccionar, siento un leve toque en el hombro. No hay tiempo para reflexionar. Las demás personas junto a mí sobre la plataforma, me están mirando. ¡Es mi turno para lanzarme!

En apenas un segundo, dejo la seguridad de la plataforma, y doy un salto hacia lo desconocido, el silbido sobre mi cabeza, a medida que avanzo deslizándome, suspendido del alambre. Apenas dejo de sentir la superficie firme de los tablones bajo mis pies, me encuentro suspendido, por encima de la selva. La adrenalina fluye. ¡Esto sí es una verdadera aventura!

Cuando reservamos pasajes en el crucero Wind Song, un barco de tecnología avanzada, no anticipábamos tanta aventura navegando las mares de Costa Rica. ¿El lujo? Sí. Este barco ha ganado premio tras premio por su sobresaliente servicio y gran estilo. Siendo relativamente pequeño (sólo 150 pasajeros máximo) viajar en el Wind Song es más como navegar un elegante yate privado, y su tamaño también facilita su entrada a puertos y bahías pequeños donde cruceros más grandes no pueden.

Costa Rica tiene una envidiable reputación por su flora y fauna, preservada por una estricta política conservacionista. Esperábamos explorar la costa únicamente, pero luego vimos una aventura irresistible dentro de las excursiones que ofrecían - un tour de las copas de los árboles en el Parque Nacional Rincón de la Vieja.

Al llegar a la costa la mañana del tour, nos esperaba un autobús. Era un día caluroso, y recorrimos la costa para luego entrar hacia donde está la selva tropical. Nuestro autobús nos llevó por una ruta ascendente que por momentos agitaba al vehículo. Las plantaciones de banano de las áreas costeras quedaron atrás, y vimos plantaciones de café, ganado, y la selva que cubría las montañas en la distancia.

Un poco más arriba en la ladera de la montaña, nos adentramos en la selva. El autobús se detuvo junto a una hostería, base de partida para quienes desean experimentar esta aventura. Luego, un grupo de guías, costarricenses de aspecto fuerte, nos proveyó de arneses similares a los que utilizan los alpinistas. Nos dijeron que debíamos vaciar nuestros bolsillos, y dejar todo aquello que pudiese caer desde las alturas, como los gorros, gafas de sol o chalecos.

Caminamos por un sendero ascendente, a paso ligero, como si fuésemos soldados en entrenamiento. Para un aventurero mayor, con casi el doble de años que los demás, esta parte me fue un poco costoso. Ocasionalmente nos deteníamos para ver algún árbol especialmente atractivo, y nuestro guía nos explicaba su importancia dentro del ecosistema. Mientras avanzábamos, notamos que los árboles eran cada vez más grandes: los primeros medían unos 18 metros, luego vimos unos de 25 m, y más tarde unos de 40 metros de alto. El sendero tortuoso y angosto nos llevaba al corazón de la selva.

Y entonces, lo vimos - un árbol de unos 60 metros de altura, con una escalera adosada al tronco y una plataforma, a unos 25 metros del suelo. "¿Quién quiere ser el primero?" preguntó nuestro guía. Nadie responde. "Bien, entonces. Ustedes - ese grupo de ocho será el grupo líder." Yo estaba en el grupo, y ya no me podía devolver. Ataron una gruesa soga al arnés del primer miembro del grupo. "El camino hasta la plataforma es largo," explicó el guía, "y queremos asegurarnos que no se lastime si tropieza al subir la escalera. No hemos tenido ningún accidente hasta ahora, y no queremos que usted sea el primero."

Yo era el siguiente, y comencé a subir. Todos me miraban. Casi podía leer sus pensamientos: ¿Será capaz este viejo atrevido de llegar hasta arriba? Al llegar a la mitad de la escalera, yo mismo me hacía la misma pregunta.

¡Arriba, más alto, subiendo, subiendo! Me dolían los brazos. Esto era algo fácil para los más jóvenes, y los que estaban en forma. Pero el único tipo de ejercicio que yo había estado haciendo últimamente era el de llevar el tenedor hasta la boca. ¿Cómo me las arreglaría una vez arriba?

Después de lo que me pareció una eternidad, llegué a la plataforma, logré subirme y me paré sobre ella. Al rato, los demás ya estaban allí conmigo. Uno de los líderes estaba ajustando la roldana del fino cable de acero atado alrededor de nuestro árbol y extendido en medio del follaje y nos dio las instrucciones. "Inclínense hacia atrás y equilibren su peso para llevar sus pies siempre hacia adelante mientras se deslizan por el cable," aconsejó. "Y asegúrense de no comenzar a dar vueltas como trompos. Podrían golpearse contra un tronco al final del camino si van demasiado rápido, y por eso deben tratar de frenarse, agarrándose levemente del cable con sus manos enguantadas."

Antes de lanzarse, nos advirtió, "Tengan cuidado de no agarrase al cable con demasiada fuerza. Yo los estaré esperando al otro lado. Mi compañero los ayudará a saltar." Apenas terminó de hablar, saltó y con un envión increíble desapareció, deslizándose por el cable. Su compañero me señaló, indicándome que me ajustara la roldana del cable. Por una fracción de segundo, sentí que mis rodillas se aflojaban. ¡Yo era el siguiente! ¿Podría lograrlo?

Afortunadamente, no tuve tiempo de pensar. Me ajusté la roldana y traté de ocultar el pánico que sentía. Antes de que me pudiera dar cuenta, había saltado y estaba viajando a toda velocidad a lo largo del cable.

Continua

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El autor, amarrado y listo para partir

La subida a la primera plataforma

Deslizando
 

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