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Costa Rica: La Selva desde las Alturas, 2


Los pajaritos colibríes se ven con frecuencia en esta parte del bosque

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A 25 metros del suelo, la vista de la selva tropical es fabulosa. Árboles por todas partes, vegetación exuberante, impenetrable en algunos sectores. Las mariposas zigzaguean de planta en planta, y los tucanes planean entre las ramas de los árboles. Pero en este primer viaje por el cable, todo esto parece pasar en un solo instante. Lo que se oye es el chirrido de la roldana al avanzar a toda velocidad. Lo único que se puede pensar es que sólo un delgado alambre lo separa de la muerte. La plataforma siguiente aparece y uno siente que va demasiado rápido hacia ella. Desea frenar y entonces, llega la primera sorpresa.

Mi mano enguantada se aferra al cable para frenar, como nos explicó el guía. Pero ¡agarré el cable con demasiado fuerza! El cuero del guante pareció adherirse al cable, y sentí que se me descolocaba el hombro. Al instante, abrí la mano, pero había reducido demasiado la velocidad. No me había lastimado, pero parecía que mi brazo se había alargado al doble de su tamaño habitual. Y cuando llegué frente a la plataforma, carecía del impulso necesario para acercarme lo suficiente. Faltaban sólo 10 metros y no lograba avanzar. El guía me daba consejos. "Inclínese de modo de quedar con la cabeza hacia adelante. Ahora, vaya izándose a lo largo del cable. Puede hacerlo."

Cuando finalmente logré trepar a la plataforma, me sentía victorioso. Había sido una experiencia importante. ¡No tenía nada que envidiarle a Trazan!

Busqué la escalera para bajar desde la segunda plataforma hasta el suelo, pero no la encontré. No había ninguna, sólo había un escalón a unos 10 metros por encima de mi cabeza. Desde allí, otro cable se extendía, en un nuevo tramo hacia la espesura. Pregunté si era el último. "¡No, por supuesto!" me respondieron, "hay 16 tramos en total. Disfrutará de la más maravillosa vista de la selva tropical."

Mi bronceado desapareció instantáneamente. Pálido y asustado, pensé en los 15 tramos que tenía por delante. ¿Sería capaz de lograrlo? Discretamente pregunté si en los otros árboles había escaleras. La respuesta fue negativa. Todos tendrían que pasar por la totalidad de los tramos, antes de dejar las alturas de la selva.

Sin embargo, el tramo siguiente no fue tan tremendo. Había aprendido algo, y esta vez, supe frenar con la presión justa. Pude subir a la siguiente plataforma sin problemas, y me sentía satisfecho de mí mismo. Para cuando recorrí el quinto tramo, pude relajarme y observar a mi alrededor. Ahora pude observar los pájaros y la vegetación. Todo era increíblemente maravilloso y excitante. Me sentía relajado y orgulloso de poder hacer esto. Mis temores y preocupación se habían desvanecido.

Nos detuvimos unos minutos en cada plataforma, para conversar un poco con nuestros compañeros. Todos sentíamos algo parecido. Los más jóvenes tenían ventaja, pero compartían nuestras sensaciones.

Podíamos ver la grandiosidad de la selva. Las orquídeas en los troncos de árboles centenarios, florecían con colores que atraían a los insectos. Había machones coloridos por doquier, contrastando con el verde de la espesura.

Las plantas rastreras y las enredaderas, trepaban hacia lo alto desde el suelo. Algunas palmeras tenían frutos pequeños, alimento favorito de los tucanes. Cada plataforma mostraba un nuevo y fascinante secreto.

Lamentamos la llegada a la plataforma #16. Nuestra aventura había terminado. Bajamos la escalera y volvimos caminando hasta el autobús. Disfrutamos de un delicioso almuerzo asado al estilo costarricense, acompañado de la excelente cerveza nacional. Entonces, era hora de regresar a nuestro barco. Habría muchas excursiones más, todas interesantes. Pero la que me llevó a las alturas de la selva tropical en Costa Rica, será una experiencia para recordar como una de las mejores en mi vida.

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Mariposa amarilla descansando

A los tucanes les encanta la fruta de esta palmera

Las orquídeas de colores fuertes florecen por todas partes
 

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