
Los
pajaritos
colibríes
se
ven
con
frecuencia
en
esta
parte
del
bosque
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A
25
metros
del
suelo,
la
vista
de
la
selva
tropical
es
fabulosa.
Árboles
por
todas
partes,
vegetación
exuberante,
impenetrable
en
algunos
sectores.
Las
mariposas
zigzaguean
de
planta
en
planta,
y
los
tucanes
planean
entre
las
ramas
de
los
árboles.
Pero
en
este
primer
viaje
por
el
cable,
todo
esto
parece
pasar
en
un
solo
instante.
Lo
que
se
oye
es
el
chirrido
de
la
roldana
al
avanzar
a
toda
velocidad.
Lo
único
que
se
puede
pensar
es
que
sólo
un
delgado
alambre
lo
separa
de
la
muerte.
La
plataforma
siguiente
aparece
y
uno
siente
que
va
demasiado
rápido
hacia
ella.
Desea
frenar
y
entonces,
llega
la
primera
sorpresa.
Mi
mano
enguantada
se
aferra
al
cable
para
frenar,
como
nos
explicó
el
guía.
Pero
¡agarré
el
cable
con
demasiado
fuerza!
El
cuero
del
guante
pareció
adherirse
al
cable,
y
sentí
que
se
me
descolocaba
el
hombro.
Al
instante,
abrí
la
mano,
pero
había
reducido
demasiado
la
velocidad.
No
me
había
lastimado,
pero
parecía
que
mi
brazo
se
había
alargado
al
doble
de
su
tamaño
habitual.
Y
cuando
llegué
frente
a
la
plataforma,
carecía
del
impulso
necesario
para
acercarme
lo
suficiente.
Faltaban
sólo
10
metros
y
no
lograba
avanzar.
El
guía
me
daba
consejos.
"Inclínese
de
modo
de
quedar
con
la
cabeza
hacia
adelante.
Ahora,
vaya
izándose
a
lo
largo
del
cable.
Puede
hacerlo."
Cuando
finalmente
logré
trepar
a
la
plataforma,
me
sentía
victorioso.
Había
sido
una
experiencia
importante.
¡No
tenía
nada
que
envidiarle
a
Trazan!
Busqué
la
escalera
para
bajar
desde
la
segunda
plataforma
hasta
el
suelo,
pero
no
la
encontré.
No
había
ninguna,
sólo
había
un
escalón
a
unos
10
metros
por
encima
de
mi
cabeza.
Desde
allí,
otro
cable
se
extendía,
en
un
nuevo
tramo
hacia
la
espesura.
Pregunté
si
era
el
último.
"¡No,
por
supuesto!"
me
respondieron,
"hay
16
tramos
en
total.
Disfrutará
de
la
más
maravillosa
vista
de
la
selva
tropical."
Mi
bronceado
desapareció
instantáneamente.
Pálido
y
asustado,
pensé
en
los
15
tramos
que
tenía
por
delante.
¿Sería
capaz
de
lograrlo?
Discretamente
pregunté
si
en
los
otros
árboles
había
escaleras.
La
respuesta
fue
negativa.
Todos
tendrían
que
pasar
por
la
totalidad
de
los
tramos,
antes
de
dejar
las
alturas
de
la
selva.
Sin
embargo,
el
tramo
siguiente
no
fue
tan
tremendo.
Había
aprendido
algo,
y
esta
vez,
supe
frenar
con
la
presión
justa.
Pude
subir
a
la
siguiente
plataforma
sin
problemas,
y
me
sentía
satisfecho
de
mí
mismo.
Para
cuando
recorrí
el
quinto
tramo,
pude
relajarme
y
observar
a
mi
alrededor.
Ahora
pude
observar
los
pájaros
y
la
vegetación.
Todo
era
increíblemente
maravilloso
y
excitante.
Me
sentía
relajado
y
orgulloso
de
poder
hacer
esto.
Mis
temores
y
preocupación
se
habían
desvanecido.
Nos
detuvimos
unos
minutos
en
cada
plataforma,
para
conversar
un
poco
con
nuestros
compañeros.
Todos
sentíamos
algo
parecido.
Los
más
jóvenes
tenían
ventaja,
pero
compartían
nuestras
sensaciones.
Podíamos
ver
la
grandiosidad
de
la
selva.
Las
orquídeas
en
los
troncos
de
árboles
centenarios,
florecían
con
colores
que
atraían
a
los
insectos.
Había
machones
coloridos
por
doquier,
contrastando
con
el
verde
de
la
espesura.
Las
plantas
rastreras
y
las
enredaderas,
trepaban
hacia
lo
alto
desde
el
suelo.
Algunas
palmeras
tenían
frutos
pequeños,
alimento
favorito
de
los
tucanes.
Cada
plataforma
mostraba
un
nuevo
y
fascinante
secreto.
Lamentamos
la
llegada
a
la
plataforma
#16.
Nuestra
aventura
había
terminado.
Bajamos
la
escalera
y
volvimos
caminando
hasta
el
autobús.
Disfrutamos
de
un
delicioso
almuerzo
asado
al
estilo
costarricense,
acompañado
de
la
excelente
cerveza
nacional.
Entonces,
era
hora
de
regresar
a
nuestro
barco.
Habría
muchas
excursiones
más,
todas
interesantes.
Pero
la
que
me
llevó
a
las
alturas
de
la
selva
tropical
en
Costa
Rica,
será
una
experiencia
para
recordar
como
una
de
las
mejores
en
mi
vida.
Ant
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