Recomienda Aventura

Guía para colaboradores

 Secciones

Vida nocturnaViajar con saludLo típico latinoamericanoViajar con niñosMujeres de viaje

Noticias

 

Sitios Útiles

Fecha y Hora

CIA World Fact Book (inglés)

US State Department (inglés)

Ministerio de Asuntos Exteriores de España

 

Clique Aqui para Pelotas!

   

Las Montañas Desconocidas De Guatemala


Una vista inspiradora
para cambiar una llanta

Esperando en la oscuridad en un camino pedregoso y solitario, pensamientos inoportunos de la historia de violencia en Guatemala pasan sigilosamente por mi mente. Algunos minutos antes mi esposa me había dejado con nuestros dos hijos pequeños en el jeep para subir la montaña casi vertical al lado del camino. Ella se había ido sin luz por un senderito hecho a mano para buscar el hogar del hombre que nos había ayudado a cambiar un neumático una hora antes, ya cuando se ponía el sol. Mientras pasan los minutos, se me ocurre que estoy en una posición muy difícil si hubiese algún problema. No puedo dejar a los niños para ir a buscarla (aún pensando que podría ayudar en algo). Y definitivamente, no sería posible llevar a los niños conmigo en la búsqueda. Para empeorar la situación nos encontramos en un lugar tan remoto y aislado que duraría todo un día (o más ahora que ha llegado la noche) para conseguir una posible ayuda oficial en Cobán.

Es interesante cómo las cosas parecen más amenazadoras en la oscuridad. Anduvimos hace solo un rato gozando de las vistas espectaculares que ofrecen las montañas en el camino de Cobán a Lanquín. Calculando la distancia como vuela el quetzal, hay solo 30 kilómetros entre estos dos pueblos, pero el terreno escarpado del país y el camino primitivo hacen que sea un viaje de un día entero. Cerca de 2 horas antes de la puesta del sol, habíamos chocado con algo en el camino que nos produjo un agujero en el neumático posterior izquierdo. Mientras yo cambiaba la llanta por la de emergencia, discutíamos las opciones de continuar adelante hasta Lanquín o devolvernos para buscar el último pedacito de civilización, aproximadamente 20 minutos hacia atrás.

En ese momento, un vecino del lugar llegó junto con su hijo pequeño y me ayudó a cambiar el neumático. También nos informó que había un taller de reparaciones para neumáticos, o un pinchazo, en el pueblito que habíamos pasado hace un ratito, y otro en Lanquín, que quedaba a una hora adelante. Eso nos decidió. Veinte minutos en una llanta de emergencia en ese camino era todo lo que quería arriesgar.

Aproximadamente 90 minutos más tarde, ya de noche y con un parche nuevo en la llanta, íbamos en el camino otra vez. Cuando conseguimos de nuevo el lugar en donde habíamos parado anteriormente para cambiar el neumático, mi esposa quería parar. Ella deseaba agradecer a nuestro benefactor una vez más y regalarle al chiquito una ropita que ya no les quedaba a los nuestros.

Mis preocupaciones hicieron que su ausencia parecía de horas, pero no pudo haber sido más de 20 minutos, cuando mi mujer volvió contándonos de la hospitalidad de la familia que ella acababa de conocer. Además ella traía en los brazos un saco de tamales. El tamal es un plato tradicional de Navidad en América Central, pero los de Guatemala son realmente especiales. Llevan el condimento cardamomo, que es un sabor poco común para esta parte del mundo. Pero resulta que Guatemala es el exportador más grande del mundo de cardamomo, y envía la mayor parte a la India y al Oriente Medio. Por el sabor, el poco que no se utiliza para exportación se encuentra en los tamales navideños.

Cuando nuestra tragedia del neumático ocurrió, acercábamos al final de una odisea de tres días que comenzó en Huehuetenango. Habíamos venido a conocer Semuc Champey, reconocido como una de las maravillas más espectaculares del mundo natural, y a explorar las Grutas de Lanquín. Las atracciones fueron todo lo que esperábamos, pero de muchas maneras lo verdaderamente maravilloso del viaje fue el recorrido por las montañas.

Salimos de Huehuetenango un viernes por la mañana, dejando atrás las calles repletas de gente y diesel de esta última ciudad de Guatemala de buen tamaño antes de la frontera con México. Saliendo de la ciudad, un camino de grava sube empinado hacia el este a la Cordillera de los Cuchumatanes, la sierra más alta de la América Central.

Conducir en este camino puede causar fatiga nerviosa. Hay una cantidad sorprendente de circulación, a pesar de que el camino es estrecho, y las curvas son extremadamente apretadas. Los camiones que llevan pollo o madera de construcción requieren casi el camino entero para sí mismos, y en más de una vuelta apretada tuvimos que echar el jeep para atrás hasta llegar a un punto lo suficiente ancho para dejar pasar a otro vehículo.

Después de que casi todo un día de manejar, llegamos a Sacapulas, un lugar agradable y amable situado en lo profundo del valle de Río Negro aproximadamente 60 kilómetros al este de Huehue. Al llegar, hicimos una caminata para estirar los músculos tensos después de largas horas en el 4x4. La caminata resultó de casi dos horas ya que el pueblo es grande considerando lo aislado que es. Caminando por la calle cerca del Hotel Río Negro donde estábamos hospedados vimos un puñado de mujeres lavando ropa en el río. Pocos minutos después, solo una media vuelta rápida nos salvó de interrumpir a varios hombres y niños en el proceso de bañarse en el mismo río. En los altos sobre de la plaza central, nos encontramos con un señor pelando habas. Los niños estuvieron fascinados, y pasamos una media hora hablando con él mientras que los chiquitos sacaron los frijoles negros de sus pequeñas chaquetas.

El Río Negro es probablemente el mejor alojamiento que ofrece este pueblo, pero es muy sencillo. El comedor estaba nebuloso con el humo que echaban los hornos de madera en la cocina. La cena fue de arroz y habas con pollo dorado, acompañado con Gallo, la cerveza nacional. Más tarde, después de cerrar nuestra puerta de hierro con candado, nos bañamos con repelente para mosquitos, nos acostamos en las sábanas desgastadas sobre gruesos colchones de espuma, y apagamos la bombilla descubierta.

Poco después del coro de gallos al día siguiente estábamos de nuevo en el jeep, haciendo la inclinada subida para salir del valle y dirigiéndonos hacia Cobán. Casi todas las curvas traían otra vista impresionante u otro susto con un vehículo de carga.

De Sacapulas viajando hacia el este a través de terreno increíblemente rugoso y hermoso se gasta un día completo para llegar a Cobán. El camino no está bien marcado, y las paradas frecuentes para pedir información hacen una aventura en sí, especialmente porque no es tan fácil de encontrar personas que hablan el español fluido. Es probable que lo alejado que es este rincón de Guatemala ha contribuido a que la cultura maya haya sobrevivido.

El encontrar caminos pavimentados en Santa Cruz Verapaz (aproximadamente 20 kilómetros fuera de Cobán) nos pareció como una victoria. Pero media hora más tarde, ya en Cobán, nos encontrábamos caminando por las calles transitadas de esta ciudad que queda a solamente 4 horas de la capital vía la Carretera del Atlántico, codo a codo con otros extranjeros pagando de nuevo precios de turistas para alojamiento. Nuestra estancia fue corta.

El  día siguiente nos encontró rebotando sobre otro camino de tierra hacia Lanquín, con sus famosas grutas y el espectáculo aterrorizante e inspirante de Semuc Champey.

En el lenguaje nativo de kekchí maya, Semuc Champey significa el lugar donde el río desaparece en la tierra. En esta configuración magnífica, rodeada por las montañas rugosas y las nubes, la gran mayoría del agua en el Río Cahabon se hunde debajo de un puente natural de piedra caliza con un largo de 300 metros y un ancho de 60 metros. Un chorrito serpentea a través de la parte alta por las raíces de bosque tropical y por las repisas de roca de solo centímetros (que parecen ser raíces de bosque tropical), que eventualmente forma una serie de cascadas pequeñas. Entre ellas el agua se recolecta en piscinas cristalinas que son perfectas para nadar antes de caer finalmente en una cascada poderosa, uniéndola con el resto del río en la profundidad. La vista que hay desde del puente del hueco donde el río se sumerge en la tierra es emocionantísima

Un pequeño rótulo colgado en un cable fino de metal advierte del peligro del río y marca la entrada. Realmente parece un poco cómico. No es adecuado para transmitir la gravedad del peligro, pero el mismo río difunde su propia advertencia con un rugido que da escalofríos. Los guías locales cuentan que si alguien se cayera a la profundidad duraría 40 días para que el cuerpo saliera al otro lado.

Es una sensación singular; flotar en una de las charcas tranquilas de Semuc Champey, el agua justamente a la temperatura del cuerpo, cara arriba a un cielo encerrado por todos lados de las montañas majestuosas del bosque nuboso. Tal esplendor natural es difícil de acceder. Semuc Champey se encuentra a 10 kilómetros de Lanquín al final de un camino intransitable por todos los vehículos menos los de marcha doble. Por supuesto es posible llegar a pie desde Lanquín. Asegúrese de pedir direcciones con frecuencia durante la caminata de tres horas ya que la ruta no está bien señalada.

Más cercanas a Lanquín son las grutas. Según los guías en la cueva, la tradición maya dice que Lanquín es una salida para una carretera subterránea. Se cree que el otro extremo de esa carretera sale por Quetzaltenango, casi 200 kilómetros al suroeste. Un guía nos dijo que un equipo francés en los años 1940 pasó cuatro semanas explorando dentro de las cuevas sin encontrar otra salida. Nuestra expedición no fue tan extensiva, pero teníamos la impresión de estar usando algo del mismo equipaje. Las cuevas normalmente están alumbradas durante algunos centenares de metros, pero el día en que fuimos nosotros el generador no funcionaba. Entonces nos ofrecieron linternas de gas para llevar adentro.

La atmósfera era misteriosa, con las linternas lanzando sombras extrañas sobre las formaciones de roca nombradas tales como el águila, el mono y las ovejas. Cuevas en general tienden a ser bastante frescas, pero en las Grutas de Lanquín sudábamos. Probablemente el calor de las linternas contribuía pero los guías dijeron que el calor se debe a la actividad volcánica en la vecindad. Pudimos penetrar quizás un medio kilómetro antes de que nos pidieron que nos devolviéramos. Más de una vez me fijé en la linterna para cerciorarme de que tenía suficiente combustible. De regreso, subiendo una escalera con los peldaños resbaladizos de condensación y de guano, nos detuvimos a una altura de unos 10 metros para ver un altar de sacrificio. El guía nos dijo que todavía era visitada en un pasado no muy lejano por gente que traía ofrendas de pollo, maíz y otros objetos de valor. La piedra arriba del altar estaba negra con la mancha de humo.

Abajo, una araña de cueva inmensa, reposaba sobre el altar. Debía tener casi un metro de diámetro de pata a pata, y correspondía con el color de la roca casi perfectamente.

Cuando estábamos por salir de las cuevas, el guía señaló arriba, donde dormían cantidades de murciélagos durante el día. Al parecer estas criaturas forman una vista impresionante cuando salen todas en masa al anochecer. Desafortunadamente, no tuvimos suerte cuando fuimos a ver el espectáculo. En el momento en que decidieron salir realmente estaba demasiado oscuro para verlos bien y ya era hora para volver al albergue. Hotel El Recreo es un lugar relajante con zonas verdes amplias y cabinas privadas. En el restaurante los mismos meseros doblan de músicos y tocan canciones alegres en la marimba.

El consejo ubicuo para viajeros en América Central es de no viajar por la noche. Una gran parte de la razón de este consejo es benigna: en la oscuridad es mucho más difícil de ver cualquier animal o persona que quede en lo que son caminos muy transitados durante el día. En Guatemala, sin embargo, el consejo de no viajar por la noche parece llevar un mensaje más siniestro, con los recuerdos del violento pasado reciente de este país. Esta misma historia trágica es responsable por el hecho de que los turistas en Guatemala no pasan de los lugares más conocidos y no se atreven a descubrir los demás caminos. Lo que antes era territorio intransitable ahora es accesible y aún no ha sido descubierto por turistas extranjeros.


Girasoles al borde de la infinidad en las Cuchumatanes


Buses antiguos de
escuelas estadounidenses, ahora pintados de colores
alarmantes, se ven con frecuencia en los angostos caminos de las montañas


Una vista de Sacapulas y
el valle Río Negro


Una finca muy solitaria en
las tierras altas camino
a Cobán

El Río Cahabón se
hunde en la tierra con
un fuerte bramido en Semuc Champey

Haciendo contraste, las
piscinas tranquilas
yacen por encima del torbellino subterráneo
 

Sobre Aventura | Contácte Aventura | Suscripción Gratuita

Copyright © 2001, 2002 Aventura Publishing y Imtech Communications Inc.
Todos los Derechos Reservados.