
Una caminata corta conduce entre El Deslizador y la cascada
del Río Blanco

Len se lanza al río con un chapoteo de agua

En plena acción

Haciendo un esfuerzo grande para quedarse dentro del barco
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Las
aguas blancas de los rápidos retumban mientras la balsa
golpea con un hoyo del río.
La proa del barco se hunde, y de pronto emerge de nuevo
haciendo que el barquito ejecuta una vuelta en U vertical en
el fondo del hueco. El
cambio brusco de direcciones es demasiado para los dos jóvenes
adelante. Adrián,
un panameño de la capital y su primo americano, Kevin, salen
volados a los rápidos delante de la balsa donde las aguas
turbulentas los llevan impotentes.
Forzados por el poder del río los dos logran
naufragarse en una gran roca en el centro, pero casi de
inmediato se dan cuenta que la balsa de goma se les viene
encima. Se
sueltan solo un segundo antes de ser descascarillados.
Nuestros
guías sabían que esta sección de rápidos llamada El Palón
nos iba a costar, así que Len, un joven panameño delgado
trabajando como guía de seguridad y andando en kayak,
esperaba en la orilla con una cuerda lista para lanzar a los
dos muchachos en el agua.
Agarrados a la soga, Len los acarrea como un par de
pescados grandes. Dentro
de pocos minutos, ya se subían los muchachos al barco, que
ahora está flotando a la deriva en agua tranquila más abajo
de los rápidos. Icor
blanco gotea por la pierna izquierda de Adrián.
Asustado,
Adrián analiza su pierna por un momento. Descubre
que la fuerza del golpe contra la roca había roto un tubo de
protector solar en su bolsillo, nuestra segunda pérdida de
equipaje del día. “Por
un momento pensé haber vomitado sin darme cuenta,” dice él.
Tiny,
el guía de la balsa, lo bromea diciendo, “Yo pensé que
estabas tan asustado que tu sangre se convirtió en blanco.”
El
andar en los rápidos del Río Chiriquí Viejo en Panamá
evoca esa descripción cliché de la guerra y los vuelos aéreos-
períodos largos de aburrimiento puntuados por momentos del
terror. La analogía
no es perfecta, porque los cañones y el bosque tropical que
rodea al río son demasiado hermosos e impresionantes para
permitir que uno se aburra durante los períodos tranquilos,
pero los momentos de adrenalina sí son muy fuertes en algunos
de los rápidos más traumatizantes.
Nuestra
primera pérdida de equipaje sucedió solo 10 minutos después
de haber empezado el recorrido sobre el río.
Yo estaba en la balsa con los dos jóvenes, Ricardo, el
padre de Adrián, y Tiny, el guía.
El nombre verdadero de Tiny es Víctor Ávila, pero su
apodo que significa “pequeño” en inglés es apropiado.
Es un hombre bien bajo de más o menos un metro sesenta
en altura, pero tiene una voz lo suficiente poderosa para ser
escuchada sobre el rugido de los rápidos.
Estábamos apenas conociéndonos todavía y acostumbrándonos
al río cuando chocamos con El Brasileño, la primera corrida
de rápidos.
“Adelante,
adelante!” gritaba Tiny, y entonces, “Derecho atrás,
derecho atrás!” impulsándonos primero a batir hacia
adelante y entonces ordenando los que remaban del lado derecho
en marcha atrás para hacer girar el barco.
Fuimos muy lentos para reaccionar y seguir las
instrucciones, y por eso, chocamos con un topetón grande y
tres de nosotros entramos al agua, incluyendo el guía.
Yo todavía andaba un poco asustado después de haber
firmado a la primera luz del día una renuncia de
responsabilidad alarmante, lleno de sinónimos por la muerte y
el desmembramiento. Por
lo tanto, aproveché la primera oportunidad para subir a la
balsa sujetándome del brazo de Tiny (quien ya se había
subido). Sentía
que mi sandalia Teva se deslizaba de mi pie izquierdo, pero no
quería arriesgar mi seguridad relativa, así que no hice el
esfuerzo para amarrar la correa de velcro.
La sandalia se soltó de mi pie cuando salí del agua.
“Lamento
lo de tu Teva, amigo,” dijo Len.
Él tiene la reputación de ser uno de los mejores en
el uso del kayak en su país, pero es apenas un jovencito.
Después de recuperar un par de paletas, se había
suspendido cabeza abajo desde su kayak por un rato que parecía
malsano tratando de pescar mi sandalia en un remolino por
abajo del Brasileño. “Este
río se ha tragado muchas Tevas.”
En junio, aunque la estación de lluvias había
comenzado, el Río Chiriquí Viejo todavía no corría con su
capacidad completa, así que al bajar el río había que
evitar grandes piedras sobresalientes en cantidad.
Tiny nos dijo que bajo estas condiciones, se clasifica
como un río de la clase III con algunos rápidos de la clase
IV.
El
Chiriquí Viejo nace en las alturas de la Cordillera
Talamanca, cerca de la frontera occidental de Panamá.
Quizás la manera más fácil de llegar allí es volar
con
Aeroperlas
desde la ciudad de Panamá hasta David, la capital de la
provincia de Chiriquí. David
está ubicado sobre la llanura costera, y popularmente se
conoce como “El Horno”.
Está siempre caliente y pegajoso.
Muchos visitantes prefieren subir al clima más
agradable de las montañas cuanto antes.
El
recorrido nuestro comenzó temprano una mañana en la oficina
de
Chiriquí
River Rafting
en Boquete, una pequeña ciudad bonita de montaña en la
provincia de Chiriquí.
Héctor Sánchez, director general y el guía principal deChiriquí
River Rafting,
nos dio una charla de seguridad antes de pedirnos que
firmáramos esas renuncias que me alarmaron tanto.
Sánchez, un panameño nativo de 60 y tantos años, es
un veterano de 25 años de servicio militar de los E.
E. U. U., donde él
trabajó como organizador de la recreación civil y de las
actividades al aire libre.
Chiriquí River Rafting, fundado en 1995, nunca ha
perdido a un cliente, pero Héctor nos recordó que recorrer
los rápidos es algo riesgoso.
"Tienen
que moverse rápidamente cuando oyen 'high side', o pueden
aplastar la balsa en una roca donde se quedaría fijada por la
fuerza del agua contra al barco," nos aconsejo. "Entonces
tendríamos una situación donde está el río en el barco, en
vez de estar el barco en el río. También habría un grupo de
gente atrapada encima de una roca como un manojo de pingüinos."
Héctor
nos demostró la manera apropiada de tirarle una línea a alguien en el agua, y la manera apropiada de
orientar su cuerpo cuando usted es él que se encuentra
llevado por el río. Después
de terminar con las formalidades de la seguridad, subimos
todos a una inmensa furgoneta, con la balsa y un kayak de río
atados con sogas encima.
En línea directa, Boquete queda apenas unos 32 kilómetros
de la entrada de balsas sobre el Chiriquí Viejo,
pero no hay una ruta directa, ya que uno tendría que
cruzar el punto más alto de Panamá, el Volcán Barú, con 3,
500 metros. No
hay ningún camino en esa área.
Así que, tuvimos que conducir aproximadamente 40 kilómetros
hacia el sur a David y otros 55 kilómetros hacia el oeste
para llegar a la ciudad fronteriza de Paso Canoas.
Casi
40 minutos al norte de Paso Canoas, por un camino escarpado y
estrecho, Chiriquí River Rafting mantiene una entrada al río
para balsas. Los guías guardan y aseguran lo que pueden dentro de la
balsa y entonces la tiran al río a través de una cuesta casi
vertical de 300 metros. La
balsa se desliza sobre barro y vegetación aplastada hasta
llegar a la ribera rocosa del río, mientras que los pasajeros
bajan por un sendero en zigzag bastante resbaloso.
Entramos
al río a las 10 de la mañana, y estuvimos sobre él por 2
horas, antes de hacer una pausa para almorzar al lado de una
cascada que los guías llamaban “El Deslizador”.
Aquí, El Río Blanco baja casi 100 metros por una
pared de granito inclinado en 45 grados.
Len, que quedaba detrás para hacer el almuerzo, me
prestó un zapato (que desafortunadamente era de un tamaño
demasiado pequeño), para hacer una caminata de 10 minutos,
subiendo del Río Blanco hasta otra cascada.
La
subida fue difícil, pues el sendero de vez en cuando se ponía
casi vertical y otras veces entraba y salía del río con su
fondo pedregoso y resbaloso.
El hecho de andar con una Teva y un zapato de tenis
demasiado pequeño no ayudaba a la situación. Sin embargo, valió la pena llegar a la meta. Al final del
sendero encontramos una cascada inmensa.
Debe haber sido de 30 metros de altura, con la caída
de agua perfectamente vertical.
Tiny se quitó los zapatos y nos guió a través de una
piscina hasta donde las aguas de la cascada caían.
Todavía con nuestros cascos protectores puestos, nos
sentábamos en unos asientos naturales esculturados de la roca
bajo la cascada ensordecedora, por más o menos 10 minutos.
Me preocupé brevemente por la posibilidad de que unos
troncos de árbol nos cayeran, pero nada sucedió.
Después
de almorzar, pasamos dos horas más sobre el río, cruzando rápidos
como El Hijo de Puta y Los Tres Brincos, así como El Palón
donde la sangre de Adrián corrió color blanco.
La última hora del paseo fue bastante tranquila, y
tuvimos más tiempo para admirar el paisaje y la fauna, que
incluyó unos cormoranes pescando, unas nutrias de río y unos
borregueros que en inglés se les dicen “lagartijas de
Jesucristo” porque caminan sobre la superficie del agua, cómicamente
impresionantes.
Unas
cinco horas después y 25 kilómetros en el sentido
descendiente desde el lugar donde entramos al río, nos
retiramos. Tuvimos que bajarnos de la balsa al otro lado del río
porque el lado donde estaba estacionada la furgoneta era una
muralla de piedra vertical de 5 metros. Len me prestó su zapato otra vez para hacer la subida para
regresar a la furgoneta porque era muy escarpada y rocosa.
Cruzamos un puente de madera putrefacto sobre el río.
Grandes boquetes entre los tablones de madera
permitieron ver los puntales de hierro apoyando debajo.
Tiny comentó que sería una buena idea poner el peso
nuestro sobre la parte de hierro, y no pude discutir con la
sugerencia.
Cuando
llegamos de nuevo a la furgoneta después de una caminata de
cinco minutos, todos nos cambiamos a ropa seca mientras que el
conductor cargó la balsa y todo el equipaje.
Durante todo el viaje a Paso Canoas yo andaba con el
pie pelado. Afortunadamente
para mí, Paso Canoas es una destinación fronteriza de
compras, especialmente popular con los vecinos costarricenses.
Almacenes de marca llenan la estrecha calle principal,
y nos detuvimos en el negocio más grande para comprar un
nuevo par de zapatos.
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