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Cañonazos de Aventura en Cotahuasi


Cotahuasi transpira sosiego

por Rolly Valdivia Chávez

Un bocinazo del ómnibus provoca conmoción y murmullos en la plaza. Las brumas de la noche envuelven a las personas que se saludan con abrazos, palabras de cariño, y algunas lágrimas en el pueblo del cañón.

Han pasado más de 24 horas desde la partida en Lima. Estoy agotado, la carretera tiene un trazo diabólico, son demasiadas curvas, ascenso y descensos. No mienten quienes dicen que conocer Cotahuasi- la capital de la provincia de La Unión a 2,613 m.s.n.m.- es una aventura que comienza con el larguísimo, agotador y, por momentos, hasta tortuoso viaje.

Durante el trayecto, un mosaico de paisajes desfila tras las ventanas del rechinante vehículo: Siluetas de arena en los desiertos costeros, horizonte de olas y espumas en las proximidades del mar, surcos rebosantes en los valles interandinos, aroma a vida en los pueblos campesinos de Corire, Aplao y Chuquibamba... y también el Coropuna, el volcán más alto del Perú, con 6,500 metros de altura.

El motor deja de gruñir. Ahora ronronea como si quisiera sacudirse del cansancio o deseara mostrar su satisfacción por haber vencido los desafíos del camino; entonces, los pasajeros, en su mayoría deportistas provenientes de Lima, Lunahuaná y Arequipa, descienden sin prisa, recogen sus equipajes y estiran las piernas en la plaza del pueblo.

Cotahuasi, nombre que significa Casa de Profundidad en la lengua nativa quechua atrae a aventureros con sus desafíos de una variedad sin fin. El cañón de Cotahuasi es el más profundo del mundo con 3,535 metros--es un auténtico arsenal de aventuras, un bastión de la adrenalina surcado por senderos que terminan en lagunas o en majestuosas montañas o en bosques de piedras esculpidas por los inspirados silbidos del viento.

Por contraste, el pueblo de Cotahuasi transpira sosiego en sus calles desordenadamente ordenadas o repica devota nostalgia en los tañidos disonantes de la campana de su iglesia. Aquí no hay apuro. Aquí hay que embromar al tiempo conversando en la Plaza Principal con sus jardincitos moribundos y su pileta en perpetua sequía, o escrutando la sinuosa silueta del horizonte serrano.

Esta noche esconde entre sus sombras una sorpresa de fe mezclada con alegría y de plegarias humedecidas con bebidas alcohólicas. Oraciones, danzas y brindis en la Fiesta de las Cruces, que se celebra el 1ro de mayo de todos los años.

El pueblo se llena de vivificante religiosidad, se sacude de la modorra y de su casi perpetua quietud, porque la gente --rostros compungidos, cirios de luz temblorosa en sus manos agrietadas-- ha llevado al templo las cruces que protegen sus comunidades, para que sean bendecidas por el cura.

 Afuera, en el atrio cubierto de estrellas, vibra un arpa y un violín. Se forma un ruedo humano, y, en el centro, un danzante de tijeras--lleva en una de sus manos láminas que parecen ser tijeras y que sirven para marcar el ritmo. El danza´k (denominación en quechua de los bailarines) salta y gira con plasticidad, como lo hacían sus antecesores.

Nace un nuevo día. Sale el sol coloreando los campos. Hoy se iniciará la aventura: escalada en roca, ciclismo de montaña y trekking.

Empezamos por ir a la catarata de Sipia, en un vehículo que apenas se da maña para remontar la cinta serpenteante de la carretera. Y entre los zarandeos de una minúscula camioneta y los chillidos sonoros de la radio, nos enteramos que las primeras explosiones de aventura, estremecieron al cañón a mediados de la década del '80.

En ese entonces, la Casa de la Profundidad comenzó a ser visitada aunque sólo esporádicamente, por deportistas ansiosos de explorar "sus habitaciones", ideales para el desarrollo de actividades excitantes, arriesgadas y totalmente desconocidas por la población local.

Pero el gran estallido aventurero aún se espera, porque son muy pocos los deportistas que despliegan sus alas en el cerro Huyñao, inflan sus botes en las riberas del pueblo de Alca, sueltan sus cuerdas en la empinada y vociferante catarata de Sipia o, simplemente, caminan por sus pródigos valles y sus antiguas comunidades.

Todo puede suceder en este rincón del planeta, pero sucede tan poco. Y es que a pesar de su increíble potencial turístico, la zona sigue siendo ignorada. "Eso va a cambiar, es cuestión de tiempo y de trabajo", dice optimista el presidente de la Asociación Ñan Perú (Camino Peruano), James Posso, quien desde 1998 organiza expediciones cicloturísticas y festivales ecoturísticos en la región.

Posso, ingeniero de profesión, lideró el equipo de profesionales que se encargó de la medición del Cañón de Cotahuasi, entre 1991 y 1994.

La conclusión fue contundente. Cotahuasi, declarado como Zona de Reserva Turística el 3 de marzo de 1988, es el cañón más profundo con 3,535 metros (medida alcanzada en el sector de Ninacocha, en las inmediaciones del pueblo de Quechualla), superando por 235 metros a su vecino, el Cañón del Colca, considerado hasta ese momento el de mayor hondura del planeta.

Continua

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El danza'k salta y gira con plasticidad

Ciclistas distrutando una vuelta por las tierras del cañon

 
 

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