
Remando
con
ganas,
ritmo
y
decisión
para
llegar
a
Tomepampa
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"Hace
rato
el
viento
sopló
con
fuerza,
infló
la
vela,
y
la
sublevó,"
dijo
el
comunero.
"Pero
dejó
de
silbar
justo
cuando
el
joven
daba
el
último
paso
antes
del
abismo.
Caray,
tuvo
suerte
que
se
enredó
en
los
arbustos."
Con
su
habilidad,
el
parapentista
arequipeño
Julio
Zúñiga,
entierra
las
dudas
de
la
azarosa
partida,
las
convierte
en
meras
anécdotas,
en
detalles
pintorescos
ideales
para
cronistas
que
deseen
colorear
sus
notas.
Sus
evoluciones
son
limpias
y
certeras
y
confirman
la
opinión
de
Ismael
Ortiz
de
Cevallos,
un
experimentado
hijo
del
viento
limeño,
quien
vaticinó
un
futuro
copado
de
parapentes
y
alas
deltas
en
el
cielo
del
cañón.
Ortiz,
un
veterano
de
mil
vuelos
y
quizás
el
aladeltista
de
mayor
edad
del
Perú
(supera
los
60
años),
dijo
que
la
Casa
de
la
Profundidad
tiene
las
condiciones
ideales
para
convertirse
en
un
poderoso
imán,
capaz
de
atraer
a
los
cultores
del
vuelo
libre
de
todos
los
continentes,
debido
a
su
espectacular
paisaje
y
sus
maravillosas
térmicas.
Abandonamos
las
alas
y
nos
dirigimos
a
Alca
para
disfrutar
de
rafting.
A
los
2,750
m.s.n.m.,
este
pequeño
distrito
se
encuentra
a
una
hora
de
Cotahuasi.
,
Según
refieren
los
habitantes,
su
nombre
proviene
del
término
quechua
challca,
que
quiere
decir
algo
como
"hombres
primitivos
que
no
permiten
el
ingreso
de
foráneos".
Pero
esa
frase
pertenece
al
pasado.
La
mejor
prueba
es
que
se
inflan
los
botes
con
la
activa
participación
del
pueblo.
Las
tripulaciones
calientan
cuerpo,
preparan
los
brazos,
flexionan
las
piernas
para
estar
físicamente
listos
y
no
darle
ninguna
ventaja
al
río,
que
si
bien
se
muestra
algo
perezoso,
siempre
es
de
temer,
siempre
es
de
cuidado.
Las
balsas
son
zarandeadas
por
las
aguas.
Todo
es
movimiento,
las
cosas
ocurren
con
rapidez...
y
hay
que
remar
con
ganas,
con
ritmo,
con
decisión
hasta
llegar
a
Tomepampa,
otro
pueblo
pequeño
en
las
riberas
de
un
río
larguísimo
como
el
Cotahuasi.
Jolgorio
al
volver
a
tierra
firme.
Borbotones
de
comentarios,
de
bromas,
de
alegres
recriminaciones,
porque
"parecías
sordo,
no
escuchabas
mis
órdenes",
se
queja
el
capitán
de
bote;
"es
que
estaba
mirando
el
paisaje",
responde
el
tripulante,
y,
al
decirlo,
sus
ojos
brillan
como
las
aguas
resplandecientes
por
los
rayos
del
sol.
Exceso
de
emociones
en
un
solo
día.
La
adrenalina
se
apacigua.
De
vuelta
a
la
calma
del
pueblo,
para
conversar
y
embromar
al
tiempo
narrando
historias
o
planificando
nuevas
travesías-recorridos
en
bosques
de
piedras,
baños
en
aguas
termales,
caminatas
al
ras
del
cielo
o
al
borde
de
una
laguna-hasta
que
llega
la
hora
de
dormir.
Sueños
de
aventura
al
pie
del
cañón.
Ant
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