Recomienda Aventura

Guía para colaboradores

 Secciones

Vida nocturnaViajar con saludLo típico latinoamericanoViajar con niñosMujeres de viaje

Noticias

 

Sitios Útiles

Fecha y Hora

CIA World Fact Book (inglés)

US State Department (inglés)

Ministerio de Asuntos Exteriores de España

 

Clique Aqui para Pelotas!

 

 

 

por Paloma Rojas Vaquero

Foto: Fernando Minnicelli

 

 

Había llovido en La Paz y la humedad parecía haberse refugiado en la habitación 715 del Hotel “Continental”. Desde mi llegada a Bolivia este pequeño cuarto me había servido de refugio para dejar grabadas en mi cuaderno de viajes todas las experiencias vividas antes de acostarme.

Era viernes por la tarde. Acababa de llegar de pasear por la ciudad y estaba muy cansada. Mientras observaba las gotas de lluvia serpentear por mi ventana, sonó el teléfono. Era Luis. Le había conocido esa misma mañana, mientras observaba la Plaza Murillo. Surgió una agradable conversación entre ambos y ahora me estaba invitando a salir por la noche. 

Había leído que los viernes en La Paz son sagrados y todos salen hasta el amanecer. Así que acepté la invitación.

Luis, era alto, delgado y tenia unos preciosos ojos negros. Iba de gala para la ocasión. Yo, en cambio, había olvidado incluir en mi equipaje ropa adecuada para estas situaciones, así que hice uso de lo que tenía: pantalón de algodón, camiseta y chamarra impermeable. ¡Qué elegante!

Luis había quedado de encontrarse con sus amigos en la puerta del Forum, la discoteca más grande de La Paz, situada en la Calle Sanjinés. Dentro pudimos conseguir una mesa donde acomodarnos los once que ahora éramos. Luis y otros dos chicos se fueron a barra y trajeron unas jarras inmensas de chufaly, el aguardiente local con Sprite. La verdad es que estaba delicioso, así que no protesté por la autarquía. Poco a poco, la pista se empezó a llenar de gente. Yo tenía pensado permanecer en el cómodo sofá donde estaba sentada, pero estaba claro que ese no era mi destino. Uno de los amigos de Luis me preguntó si quería bailar con él, y sin darme casi tiempo para responder, me tomó la mano y, a tirones, me llevó hasta donde estaban los demás. Allí bailamos sin cesar hasta estar casi exhaustos.

Era casi la una de la madrugada cuando salimos de esa discoteca y nos fuimos a “El Ojo de Agua”, un local que si bien al principio no resulta muy atractivo, en cuanto te sumerges en el ambiente, ya no quieres salir de ahí.

Cuando estábamos atravesando la pista central para llegar a nuestro objetivo, alguien por detrás me tomó del brazo y me “adoptó” como pareja de baile. ¡Otra vez estaba en movimiento!. Aunque no había mucha luz, pude observar que mi “secuestrador” llevaba un pantalón y un chaleco típicos del campo. A nuestra derecha, un grupo de siete hombres, ataviados como él, tocaban casi en éxtasis tambores, charangos, quenas, zampoñas y otros instrumentos andinos. ¡La música era prodigiosa!. Por primera vez, y quizás ayudada por el chufaly ingerido anteriormente, no sentí vergüenza al bailar.

Cuando se acabó la canción, mi compañero me dio las gracias y yo me fui a reunir con los demás. Luis me alcanzó un vaso de chicha morada (un licor de maíz morado macerado), que yo agradecí bastante después de los brincos pegados en la pista.  De repente observé que había varios cuencos con unas hojas verdes de coca. Luis, al ver mi cara de sorpresa, me invitó a probar. Inicialmente me sentía un poco extraña, pero al poco rato comencé a saborear el jugo que de ellas fluye.  Estas hojas son una parte de la vida diaria en Bolivia.  La gente cree que ayuda en minimizar los efectos de la altura y además, ayuda a mantenerse despierto y a no sentir hambre.

Permanecimos en este lugar por unas dos o tres horas más. Bailé mucho, como nunca había hecho, y me impregné del bello sonido que salía de los instrumentos.

De nuevo estaba en la habitación 715. Mi inquilino ya se había marchado, así como las serpientes habían desaparecido de la ventana. Tomé mi boli y mi cuaderno y me puse a escribir.

De pronto, eran las doce del medio día. Yo estaba tumbada sobre las sabanas blancas de la cama. En mi mente aun repicaba la música de la noche anterior. Mi cuaderno de viajes estaba sobre la mesa y junto a él, mi boli. La página de ayer estaba en blanco. ¿Habría sido todo un sueño?

 

 

Sobre Aventura | Contácte Aventura | Suscripción Gratuita

Copyright © 2001, 2002 Aventura Publishing y Imtech Communications Inc.
Todos los Derechos Reservados.