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La Patagonia seduce y regocija a viajeros y exploradores, amantes de los últimos lugares
donde la naturaleza aún puede ser recorrida y observada como en el
principio de los tiempos. Sin
embargo, hoy día esta practica puede ser peligrosa. El comer frutillas durante una caminata o dormir bajo las
estrellas
representa cierto riesgo de contraer el
Síndrome
Pulmonar de Hantavirus
(HPS), que muchas veces es mortal.
Esta enfermedad se
presenta con un cuadro de síntomas similar al de la gripe:
fiebre, desgano, dolores musculares, cefaleas, tos y vómitos. En pocos
días, aparece dificultad respiratoria grave, seguida de shock y
edema pulmonar. El paciente padece de la sensación de falta de aire y
puede necesitar oxígeno o incluso respirador artificial. El período de
incubación es de aproximadamente 21 días, pero puede variar de la
misma manera que en muchas otras enfermedades virales. Ocurre en América
del Norte (Estados Unidos, Canadá), en Sudamérica (Brasil, Bolivia,
Argentina) y también se han detectado casos en Europa (Alemania,
Holanda, Bélgica, Francia).
En Argentina, los
primeros problemas con Hantavirus en humanos datan de 1995. En 1997, los casos confirmados sumaban 81, con una letalidad del
55%. Actualmente, la muerte ocurre en un 30% de los casos. Seis
jurisdicciones notificaron casos, pero las Provincias de Río Negro y
Salta fueron las más afectadas. A partir de entonces, en este país se ha
dado el mayor número de casos en Sudamérica (unos doscientos noventa).
En Julio de 2002,
Hantavirus apareció en las áreas alrededor de Buenos Aires cuando un
veterinario de 42 años contrajo la enfermedad en el campo y murió.
“Las ratas que hay
en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no son portadoras del Hantavirus,
pues sus reservorios se presentan entre los roedores silvestres que se
encuentran en zonas rurales y peri-rurales,” dice el doctor Alfredo
Seijo, especialista en el Hospital Muñiz de Buenos Aires. “En el
Hospital Muñiz fueron atendidos 5 casos, de los cuales uno sólo terminó
en la muerte del paciente”.
Aunque resta
identificar algunos de los transmisores, uno de los involucrados es el
ratón “colilargo” del género Oligoryzomys. Este animalito tiene el
cuerpo y la cabeza cortos, de 9 a 10 cm, marcadamente bicolor, gris en
la parte superior o dorsal y blanca en la inferior o ventral. Y su cola
es más larga que su cuerpo, de 11 a 12 cm. Sus orejas están cubiertas por
pelitos de color ocre y sus patas traseras son relativamente largas con
pies también largos y estrechos. Se encuentra tanto en el suelo debajo
de árboles y arbustos como en las ramas donde construyen sus nidos.
Cuando se traslada entre los pastizales lo hace a los saltos recibiendo
el nombre de “laucha saltadora”. Generalmente, se alimenta de frutos y semillas. Su época de
reproducción es la primavera, por lo que la población aumenta desde
entonces hasta el otoño.
El ratón colilargo
no evidencia la enfermedad pero elimina gran cantidad del virus con la
orina, materia fecal y saliva. Las micro-partículas en forma de aerosol
que se generan cuando estas excretas se secan, permanecen en suspensión
en el ambiente y contagian al hombre al ser inhaladas. En particular,
ocurre en
ambientes contaminados que han permanecido cerrados o sin ventilación
durante mucho tiempo. También es posible el contagio por mordeduras de
estos roedores y la introducción directa del virus vía conjuntival (en
los ojos) o mediante pequeñas heridas en la piel. Pero se cree que no
se contagia de persona a persona (aunque el tema sigue en discusión).
La aparición de
brotes epidemiológicos de HPS está casi siempre asociada con la
proximidad a los roedores. Obviamente
la mejor manera de evitar infección es no contactarse con el ratón
colilargo ni sus excrementos. De
todos modos, no se justifica encerrarse sin disfrutar de las afueras,
hasta en lugares con casos de Hantavirus. El virus no es muy resistente en la atmósfera y muere con el uso
de desinfectantes comunes de casa. Sin embargo, se debe de observar algunas precauciones:
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Evitar contacto
con los roedores y sus nidos o madrigueras.
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No ocupar
ambientes que permanecieron cerrados por un tiempo medianamente largo.
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No dormir
directamente en el suelo. Utilizar una carpa debajo de los sacos de
dormir.
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No dormir en
lugares donde hay señas de roedores.
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Usar calzado
cerrado como botas, pantalones largos y camisas de mangas largas al
caminar en el campo.
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No comer tallos,
hojas, granos o frutos silvestres (sauco, calafate, frutilla).
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Usar solamente
agua segura -embotellada, hervida o clorada- tanto para beber
como para la higiene personal o de la vajilla.
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