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Hasta el viajero más inexperto te puede contar
sobre las dos clases de trotamundos. No importa si los que tienen
boleto aéreo en mano son de Alemania o Argentina, China o
Checoslovaquia; cada país genera y atrae a dos tipos de viajeros.
Identifiquemos al primer grupo como “Los
Turistas”. El Turista viaja con el fin de complacerse y escapar de su
realidad, y aunque por lo general tiene interés en la cultura
extranjera, su arquitectura y la comida local, las principales
circunstancias en que interactúa con la gente local es cuando alguno le asiste
con su equipaje. La intimidad cultural no está en su agenda, lo que
desea es descansar lejos de todo. El Turista se identifica fácilmente
por su equipaje, todo coordinado (y con ruedas), la ropa bien
aplanchada, joyería cara, y se encuentra al lado de la piscina, en el
bar, o haciendo tours en buses con aire acondicionado en grupos grandes.
La otra clase de trotamundos la identificaremos
como “Los Viajeros”. Al Igual que Los Turistas, Los Viajeros se
aferran a su agenda de viaje; pero por contraste al Turista, El
Viajero busca la realidad, en vez de intentar escapar de ella. El
Viajero irá a la piscina de vez en cuando, pero su interés principal es
sumergirse en la experiencia de explorar un país y su cultura, y de
conocer a la gente. El Viajero se destaca por su bulto relleno y
polvoriento, la ropa arrugada y manchada de sudor, el cabello
despeinado y una gran sonrisa en su cara sucia.
Mientras el primero viaja buscando la mejor
margarita después del hoyo 18, el otro viaja en la búsqueda de una
experiencia espiritual que le cambie la vida. Motivaciones
drásticamente diversas, sí, pero cada una tiene su lugar. Y mientras en
mi última columna
“Para y Prueba el Menudo”, di énfasis en la importancia de no
sobrepasarse en las tendencias clásicas del Turista, esta vez quiero
aconsejar a La Viajera sobre el valor de cuidarse y jugar a La Turista
por un día cuando sea necesario – para el beneficio de su propia salud y
el de su viaje, y también para el bien de la gente local.
He visto a los más resistentes Viajeros perder la
calma. Hasta la gente más curiosa y dulce puede llegar al punto de
agotarse la paciencia, sufrir un lapso de gentileza y mandar al diablo a
un vendedor local cuando intenta cobrarle demasiado por una botella de
agua. Y cuando la situación llega a tal punto, es algo doloroso. Daña
la imagen que tiene la gente local del extranjero, daña al pobre
vendedor que sólo quiere ganarse la vida, y te daña a ti como Viajera
porque has dejado de absorber el ambiente y te has cerrado. El viajar
debe de ser una experiencia con un buen balance, y si tu estás con
calor, cansada, deshidratada y estresada, ¡tienes que bajarte de tu
pedestal de aventurera y mimarte un poco, Mujer!
Estando en Cuba con mi novio estuvimos viajando de
mochileros, durmiendo a veces con chinches, comiendo en los
restaurantitos más humildes, andando en buses locales, y a puro abanico
en vez de aire acondicionado. Aunque era muy divertido y una
experiencia totalmente satisfactoria, después de dos semanas empezamos a
sentirnos tensos, y después de tres semanas, queríamos ahorcarnos uno al
otro. Estábamos agotados y nuestro estado de debilidad física y
emocional empezó a afectar la calidad de nuestro viaje. Entonces, no
importaba cuanto detestábamos la idea (o no), sabíamos lo que teníamos
que hacer. Cavamos profundamente en los bolsillos y por un par de días
nos dimos el lujo de alquilar una habitación espléndida en la Habana con
aire acondicionado. Y te cuento, esos dos días de servicio al cuarto,
mirando televisión a satélite con el aire a temperaturas árticas, nos
rejuvenecieron y nos dejaron con ganas de volver a descubrir el país y
su gente. Hasta los buses calurosos y raquíticos los vimos con ojos
refrescados. En suma, esos dos días de jugar al Turista salvaron la
virtud de nuestro viaje, y aunque fue difícil reunir el dinero y (no
tan) difícil justificar la vida de princesa, el descanso fue muy
necesario y valió la pena cada café a $5.
Como ves, el viajar puede ser duro aún para Los
Viajeros. No dejes que esos brazos fuertes y bronceados apoyando un
bulto pesado te engañen. Hasta los individuos más temerarios necesitan
contemplarse de vez en cuando. El andar en buses sobre-cargados, bajo
el sol caliente, con los cambios de dieta y el peso de la mochila,
escuchando piropos constantes en lugares nuevos, es duro. A la vez es
un gran desafío interesante y estimulante que te brinda un vistazo a la
verdadera vida cotidiana del lugar. Pero recuerda: siempre puedes dar
un paso para atrás. Puedes dejar tu imagen de La Viajera invencible,
recuperar tus esfuerzos y reenfocar tus metas. De la misma forma como
La Turista puede beneficiarse montándose en un bus local de vez en
cuando, La Viajera puede beneficiarse permitiendo que un chico lindo en
tanga le sirva las margaritas al lado de la piscina una que otra vez.
Así como lo dije antes, todo depende de un buen balance. Si te
encierras en un hotel de cuatro estrellas, puede ser que nunca conozcas
el país que visitas, pero si te agotas o te enfermas, tampoco podrás
vivir la experiencia al máximo.
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