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by Rolly Valdivia Chávez

 

 

 

No participé en ninguna competencia, pero levanté más copas que cualquiera de los triunfadores.  Talvez no eran doradas, ni tenían la plaquita con la frase Primer Puesto, pero este pequeño detalle, no me molestó. Disfruté del XIV Festival de Deportes de Aventura Lunahuaná 2003 a mi manera- brindando a la salud y por la salud de los deportistas peruanos.

Deporte y parranda. Combinación perfecta, explosiva e inolvidable en un valle de aventuras, a 184 kilómetros al sur de Lima, Perú.  El sol era calcinante, las noches tibiecitas y los mosquitos atrevidos.  Desconocían el     significado de la palabra repelente y demostraron una marcada y envidiable vocación democrática atacando a pobres y ricos, a ganadores y perdedores, a sanos y ebrios igual.

 El sábado 22 de febrero fue de máxima diversión con hartas dosis de suspenso y apuestitas en la prueba de canotaje.  Los espectadores decían, “Yo le voy al equipo de San Jerónimo.  Y tú, ¿ a quién?”
“A las chicas de Rumbos-Aldea.”

“Humm, están guapachosas, pero no creo que ganen. ¿Quién sabe?”

 ¡Bang!  Un pistoletazo en el recodo de Paullo anuncia el inicio de la primera competencia del festival. Canotaje, 4 kilómetros de velocidad con 14 botes de tripulaciones de diferentes partes del país se echaron a los rápidos.
  Remaron con fuerza, con ritmo, con energía, mirando a sus rivales acercarse con ganas y desesperación. La gente aplaudía y los periodistas disparaban y filmaban imbuidos en su propia competencia por obtener las mejores tomas.

Sudoroso, agotado, y casi sin aire, logré acercarme justo cuando Frank Vicente Llactayo, el guía del team vencedor Expedición Río Cañete San Jerónimo, anunciaba que el secreto fue remar con todo; y Duilio Vellutino, tripulante y una de las celebridades de los ríos peruanos, contaba que la competencia fue muy peleada y confesó, “en un momento perdimos la delantera.”

Duilio no tenía tiempo de más declaraciones. Debía retornar a Paullo, para retar de nuevo al río desde la soledad de un kayak. Otra vez al río. Otra vez remar. Otra vez sentir los embates del torrente. Y ¿otra vez las apuestas?

“No, mejor no, estoy piña.  Bah, las chicas de Rumbos-Aldea ni la vieron o no la vieron muy bien en el canotaje.  Así que tranquilo- nomás me tomaré una cervecita para alegrar la espera.”

Fue tanta la expectativa que hasta el sol se alargó su agonía sabatina, para ver con sus últimos rayos el desenlace de esta lucha en el río. Al final, el triunfador fue Duilio Vellutino, quien disfrutó sus momentos de gloria.

Llegó la noche. Llegó la fiesta, el baile, y el encuentro de los aventureros en el área de camping San Jerónimo.  Allí se esbozaron y planificaron nuevos retos o se anunciaron –entre salud y salud- futuras competencias, tales como el festival de Cotahuasi en mayo y la semana del Andinismo en Huaraz en junio.

La fiesta fue de rompe y raja y se podría decir que demandó un derroche de energías superior al de las duras pruebas en el río. Aquí hubo muchos “ganadores”, aunque el premio “al esfuerzo”, fue un tremendo malestar dominguero, que impidió a más de uno asistir a las competencias de ciclismo de montaña y de escalada.

Sin embargo, fueron decenas los ciclistas de diferentes categorías, que levantaron andanadas de polvo en el circuito el domingo. Los ganadores fueron Richard Canicova, Félix Campusmana y Mónica Velásquez.

Mientras esto ocurría en Socsi, en el camping San Jerónimo, los escaladores “peleaban” con los obstáculos de una complicada palestra de 12 metros de alto y 6 de ancho. Ninguno coronó la cumbre, pero quien estuvo más cerca fue Marco Pablo Gonzáles, representante de la Universidad de Lima.

Terminaron las competencias, salvo las de “empinar el codo”. Esas duraron hasta el fin del domingo.  El vino y el pisco estuvieron casi tan buenos como los duelos en el río, el pedaleo frenético en el sendero polvoriento y las tretas para subir y subir por una pared infranqueable. Salud.

 

 

 
 
 
 
 

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